Reseña de Cómic
Batman: La Maldición del Caballero Blanco
de Sean Murphy

Editorial americana: DC Comics
Editorial española: ECC
Autor: Sean Murphy
Números: 8

Es difícil pensar en un superhéroe que sea, como mínimo, igual de popular que Batman. Por mucho que se mencione a otros -como Superman, Lobezno o Wonder Woman– no cabe dudad de que el hombre murciélago de Gotham es un personaje especial; como evidencia el que cuente con su propio día, y que, año tras año, independientemente de quién firme su cabecera, genere tanta atención. Incluso en los casos en los que la propuesta es más floja de lo debido.

Alejado de su colección principal, en esos universos paralelos tan explotados por DC o Marvel, Batman también ha sabido encontrar su sitio y, lo que es más importante: ha ofrecido buenas historias. Uno de los mejores ejemplos es Caballero Blanco. Con Sean Murphy como autor completo, la obra ha cosechado una gran recepción entre los lectores. Tanto que DC ha aprobado la elaboración de varios spin-offs dentro de la propuesta principal. Como la grapa de Von Frío -publicada hace unos meses por ECC en España- o la próxima, que contará con Harley Quinn como principal reclamo.

La obra que nos ocupa no es un apéndice del mundo tejido por el autor de Punk Rock Jesus; sino su continuación directa. En Batman: La Maldición del Caballero Blanco, Murphy repite la fórmula de la primera parte de la cabecera, donde mostraba a un Batman al límite y lo convertía en fugitivo gracias a las acciones de Jack Napier, el alter ego cuerdo del Joker. La colección brilla, entre otras cosas, por el trato que le da el creador al enemigo más famoso del murciélago.

«Comencé con la versión de él de la serie animada de los años 90 con la voz de Mark Hamill. No dejaba de preguntarme: «¿Qué haría Mark? ¿Qué tipo de Joker me gustaba cuando era niño? » y traté de partir de allí. El mío no es del tipo súper violento de Heath Ledger. En mi mundo, la policía de Gotham nunca ha podido probar que Joker haya asesinado realmente a alguien. Aunque todo el mundo sabe que probablemente sea un asesino en serie», explica Murphy en una entrevista con The Hollywood Reporter.

En esta ocasión, el guionista usa como hilo conductor de la serie el oscuro secreto del nacimiento de Gotham y su auténtica relación con la familia Wayne. Para ello, coloca al lector en el siglo XVII. Tiempo en el que la ciudad, por entonces colonia británica, ya era el pozo de crimen y maldad que siempre ha sido. Evidentemente, el rey payaso de Gotham, recuperado para la causa tras la desaparición de Napier y (prácticamente) a pleno rendimiento, sigue jugando un papel destacado en el desarrollo de los acontecimientos.

«(En la serie) Joker decide presentar su gran final. Uno al que no planea sobrevivir, contándole a Batman «el chiste más grande de Gotham». La broma es la siguiente: Batman nunca podrá arreglar el crimen en Gotham, debido a la «maldición» provocada por los Wayne», apunta Murphy sobre la importancia del payaso.

El azote de Dios

A pesar del papel de Joker en la historia, y de la continuación de las tramas de poder y el interés de las élites por que la ciudad siga infestada de crimen, el principal antagonista del murciélago en este episodio de la colección es Azrael. El popular personaje de los noventa no solo se las hace pasar canutas a Bruce. También se muestra implacable con todos los que le son cercanos. Y, como en tantos otros casos, la sangre termina llegando al río. Hay personajes que pierden la vida.

Azrael aparece en la historia como el último eslabón de una congregación religiosa y guerrera que lleva trabajando por Gotham desde que los primeros colonos arribaron a la ciudad. Y, como se puede esperar, tiene cuentas pendientes con los Wayne a causa de esa «maldición» provocada por la familia. «Necesitaba un personaje que fuera antiguo, uno que me permitiera volver a la ciudad histórica de Gotham y uno que ofreciera una gran cantidad de acción y de lucha con espadas: soy un gran fanático del Zorro. Cuanto más pensaba en ello, más me daba cuenta de que debía usar a Azrael», explica Murphy sobre la elección del personaje.

Una Harley adulta

A pesar del éxito reciente del personaje, Harley Quinn jamás ha brillado tanto como en la serie animada de Batman de los años 90, que, además, fue donde nació el personaje. Tantos años, colecciones y películas después, gusta encontrar a la amante del Joker convertida en una mujer autónoma, inteligente, suficientemente seria y capaz. En una persona que, en definitiva, ha evolucionado y se encuentra muy lejos de ese cliché manido de jovencita chillona e irritante.

En La Maldición del Caballero Blanco, la excriminal estrecha enormemente sus lazos con Bruce y se termina convirtiendo en su principal aliada y confidente. No sería extraño que en la continuación de la historia -que está más que confirmada- esa relación de amistad terminase convirtiéndose en algo más. Una idea que Murphy deja en la cabeza del lector en varias ocasiones durante la miniserie.

Sean Murphy, brillante

El trabajo al guion de Sean Murphy en la colección es intachable. El creador consigue que cuando el lector cierra el número ocho, y termina la miniserie, tenga ganas de más. Mucho más. Algo que, como sabe cualquier persona que se dedique a escribir, no es sencillo.

El trabajo narrativo está perfectamente sustentado por un dibujo sobresaliente, en el que el autor, como es costumbre en su producción, disfruta representando todo tipo de vehículos y recreándose en las viñetas de acción. Su buena mano y su gran trabajo argumental no solo convierten a la miniserie en una de las más interesantes del año. También en una de las mejores propuestas que ha dado la línea Black Label desde su nacimiento. Lo cual, bien pensado, tampoco es mucho decir.

 

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