Reseña de Cómic
Sweet Tooth
de Jeff Lemire

Edición original: DC (Vértigo)
Edición española: ECC

Es difícil pensar en un autor que esté más en forma dentro del cómic americano que Jeff Lemire. El autor de obras como «Royal City«, «Giddeon Falls» y «Bloodshot: Reborn» se muestra casi siempre consistente; independientemente de que escriba acerca de familias desestructuradas, graneros malditos o superhéroes. Y esa buena mano, que le ha caracterizado durante su carrera, no desaparece tampoco en la propuesta que ahora nos ocupa.

Publicada entre 2009 y 2013 a lo largo de 40 números, «Sweet Tooth» esconde entre sus tapas todo lo que se puede esperar de una distopía apocalíptica en la que la humanidad pende de un hilo. En sus páginas caben todos los tópicos; desde la ingratitud, la violencia y la crueldad, hasta la inocencia, la compasión y una esperanza, que por momentos, parece que se escapa entre los dedos.

Sin embargo, frente a otras obras con las que comparte tono, este cómic consigue que quien se atreve a posar sus ojos sobre la primera página no sea capaz de parar hasta devorarlo por completo. Y lo que es más importante, que cuando el viaje termina, y la obra retorna a la estantería, deja la sensación de que ni el tiempo ni el dinero fueron en balde. Que «Sweet Tooth», más allá de ser merecedora del sello Vertigo, es una de las mejores cosas que le han pasado al cómic americano este siglo.

Inocencia y redención

Cuando Lemire comenzó a escribir y dibujar la serie, no tenía nada claro más allá de cómo iba a arrancar la historia y de cómo pensaba terminarla. Los 38 números de en medio eran lienzos en blanco que tenían que servir de hilo conductor para desarrollar la historia de los personajes y dotarles de sentido.

«Cuando lanzas una nueva serie nunca sabes cuanto tiempo va a durar. Podías conseguir nueve números o 100, pero, sí, tenía decidido el final desde el principio. Lo que habría cambiado había sido todo lo demás», explica Lemire en un entrevista recogida por ECC al final del segundo tomo en la edición recientemente publicada en España. Sí, esa en la que el primer volumen es más reducido que el siguiente y último.

Dejando las filias y las fobias editoriales del arriba firmante, lo que más le interesaba al autor era contar una historia de amistad y redención. Algo que, en principio, estaba preparado para hacer en apenas diez números. La historia arranca mostrando a Gus, un joven híbrido de humano y ciervo que, a lo largo de su corta vida, no ha tenido ocasión de intercambiar palabra con ninguna persona además de su padre, con quien vive apartado en un bosque del estado de Kansas.

La culpa de que la pareja viva al margen del mundo la tiene el Infortunio: una especie de pandemia que se ha llevado por delante a buena parte de la humanidad y de la que se culpa a los híbridos de humano y animal. Estos empezaron a nacer justo en el momento en que la enfermedad comenzó a azotar con fuerza; por lo que más de uno los considera culpables. Los hay de todo tipo; desde gatos, cerdos y perros, hasta gorilas, osos o jirafas.

Tras la muerte de su padre, Gus conocerá por accidente a Thomas Jepperd. Una suerte de Clint Eastwood cruzado con Frank Castle que hará las veces de protector del joven. Con el paso de los números, Lemire comienza a cruzar a esta extraña pareja con nuevos compañeros de viaje a los que dota de un origen. Todos están muy bien construidos y son capaces de sostener, sin problema, el peso de la historia. «Me quedé prendado de los personajes secundarios más de lo que esperaba. La duración de la serie me dio permiso de desarrollarlos», apunta el autor a este respecto.

Sin agujeros

Gracias a la duración de la serie, Lemire cuenta con el espacio necesario para contar una historia profunda sin dejar ningún agujero sin cubrir. A pesar de que, desde el principio, el cómic está lleno de interrogantes, el lector no se pierde en ningún momento. No se trata de una obra cerebral de esas que desquician por momentos y obligan a revisar la misma página varias veces. En su lugar, «Sweet Tooth» invita a que el aficionado se deslice entre los números y vaya descubriendo, a su debido tiempo, las respuestas de todas las preguntas.  Y, todas, especialmente las que tardan más en revelarse, son satisfactorias.

El sobresaliente guion va acompañado por el característico dibujo abocetado que suele cultivar Lemire cuando coge los lápices. A pesar de que el autor está a cargo del apartado artístico de la obra, tiene tiempo para compartir el peso con algunos otros en momentos muy puntuales y pertinentes, como Matt Kindt, Nate Powell y Emi Lennox. El trabajo de todos ellos está a la altura. Y eso no es decir poco.

Reseña Panorama
Guion
Dibujo
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