Reseña de Cómic
The Goddamned – The Virgin Brides
de Jason Aaron, r.m.Guéra y Giulia Brusco

Humberto da Silva
@humdasilva
www.humbertodasilva.com


Editorial original: Image Comics
Guión: Jason Aaron
Dibujo: r.m.Guéra
Color: Giulia Brusco
Rústica. Color. 144 páginas
ISBN: 978-1534317208

16,99$

Como lector interesado en temas relacionados con lo que se conoce como la “Tradición Espiritual”, he de confesar que me molesta la mirada superficial sobre un tema de tan alta transcendencia, valga la redundancia.

Pero no os confundáis. Acepto con muchas ganas el humor, la ironía y hasta la adaptación libre de todas estas cuestiones porque considero son ejercicios sanos donde el ingenio humano puede, a través de estos y otros métodos, llegar a profundizar en los mismos, cosa que desde posiciones más serias, se hace imposible.

Lo que no me gusta es el tratamiento superficial —y por veces inculto— que obras como The Goddamned – The Virgin Brides llegan a perpetrar sin vestigio de rubor. Pero ese no es un problema exclusivo de Aaron, al cual se le puede perdonar porque es, simplemente, un guionista de cómics. La cosa empeora mucho cuando son científicos destacados en sus respectivos campos que, sinceramente, hacen declaraciones que no resisten ni a un debate filosófico de baja altura y que, más que admiración, causan vergüenza ajena.

Y es debido a esta citada apertura a las relecturas que el arte hace de la Tradición la que me ha permitido apreciar en alguna medida Before the Flood, el primer arco de la serie The Godddamned. Sin haber tocado altas cimas del intelecto, llegó a profundizar en el drama que un personaje como el de Caín hubiese podido experimentar.

En aquella ocasión, su encuentro con Noé trajo momentos interesantes, siempre y cuando uno lograba esquivar el festival de pipi-popo-culo-sangre que el de Alabama había decidido imprimir en la obra. Hasta ahí podríamos excusarle, justificando dicho abuso como la forma que el autor había encontrado para plasmar un mundo cruel y feroz como este valle de dolor en el que vive la Humanidad expulsada del Edén desde los tiempos de Adam y Eva.

Pero, en una segunda entrega, habiendo transcurrido cinco años desde el primer arco, nos vemos, de forma natural, exigiendo más a una persona que vive “de esto”. Y aquí, cinco años después, Aaron no sólo no consigue enderezar el rumbo y hacernos pensar en cosas más profundas, sino que falla. Y falla hard.

Y es una pena que, partiendo de unas temáticas que dan para mucho, no sólo no se quede en el extra radio del tema. Ni siquiera eso. Se queda en lo poligonero.

Entiendan.

Estamos en el periodo antidiluviano de la Humanidad. Arrancada de la pureza y liviandad de su estado edénico, vive condenada a conseguir el pan con el sudor de su frente, siendo testigo y protagonista a la vez del enfrentamiento entre las sangres de las diferentes tribus que sobreviven a las inclemencias de la vida alejada de la «Gracia de Dios».

Pero, entre tanto crujir de dientes y cadenas que se arrastran, en las cimas de unas montañas, somos testigos de un mundo más cercano —al menos en apariencia— a ese Edén añorado. Es un mundo sin hombres, gobernado por una comunidad de monjas mayores, responsables de una encomienda nada común. Cuidan y preparan a niñas huérfanas para ser, nada más y nada menos, que las novias de los llamados “hijos de Dios”.

Cuando la obra nos acerca a esa inaccesible comunidad, comprendemos que estas monjas cuidan de estas niñas hasta el día de su “floración”, el día en el que se transforman en pequeñas mujeres. Cuando llega ese día para alguna de estas pequeñas, las monjas hacen llamar a unas amazonas que proceden de las partes más altas de las montañas para que escolten a la pequeña virgen hasta su destino en una de esas altas cumbres.

Resulta frustrante ver cómo, partiendo de estas premisas tan interesantes, Aaron no consiga deshacerse de sus evidentes limitaciones y cómo el autor no tarda en caer en los viejos clichés que todo aquel que confunde Tradición Espiritual con instituciones religiosas cae.

Pero lejos de suplir dichas limitaciones, trata temas como “El Reino”, los Nephilim o un “dios tirano” como lo hubiese tratado cualquier indocumentado, privando al lector de la oportunidad de leer algo realmente interesante sobre un periodo histórico-mítico en el que la Humanidad se enfrenta a las vicisitudes de un mundo que perdió su inocencia y en el que tendrá de esforzarse mucho para crear una moral que le saque de la barbarie en la que está instalada.

Los seres humanos acabamos de salir de la charca —o de bajar del árbol— como prefieran, somos como chimpancés sentados en un gran banquete. Pocas veces reflexionamos en este momento clave de nuestra historia donde el ser humano pasa de una consciencia de especie a una de tribu, mientras camina hacia una lejana consciencia individual.

Un tema que, tratado con profundidad, hubiese podido servir para poner sobre la mesa mitos y creencias interesantísimos, como los de los antiguos gnósticos que creían, entre otras cosas, que este mundo expulsado del Edén era de una naturaleza corrupta inevitable y que había sido creado, nada más y nada menos, por el llamado “dios extraño” o demiurgo y no por el Dios del Nuevo Testamento. En otras palabras, por el mismísimo diablo.

Estamos hablando de un falso dios, egoísta, caprichoso y lujurioso que posee las llaves de esta gran prisión. El responsable último del sufrimiento y la ignorancia humanos. Hablamos del dios del Antiguo Testamento, el dios del «ojo por ojo, diente por diente». De una religión primitiva pero que, de alguna manera, establecía normas de convivencia en un mundo que empezaba a enfrentarse a las dificultades de hacerse responsable de sus actos pero que, dominada por mentes aún más primitivas, fallaba en su intento. Un mundo en el cual las personas, de una forma muy similar a la nuestra, elegían la superstición y el fanatismo.

Un mundo donde “Dios” está creado a la imagen y semejanza del hombre.

Y esa es la pena. Aaron se decide por el camino exclusivo de la violencia, del sufrimiento —que estamos de acuerdo es necesario mostrar— pero se para sin ser capaz de lidiar con conceptos mayores. Nos da la impresión de que provenga de una familia ortodoxa y que ese trauma le ha bloqueado e impedido profundizar más en estas cuestiones. Su único afán es dejar expuesta esa parte del fanatismo de las religiones, ignorando cualquier otro tipo de connotaciones.

De confirmarse dichas sospechas, esperar que el autor toque el tema de la Redención o del porqué del Diluvio en una próxima entrega, sólo obedecería a la ingenuidad del que aquí escribe.

Por otro lado, el arte de r.m.Guéra y el color de Giulia Brusco son intachables y consiguen transmitir toda la violencia, suciedad y desesperanza de ese mundo que les ha trazado Jason Aaron. Las escenas son detalladas y la paleta de colores muy apropiada. Es, de hecho, lo que salva la obra de la hoguera, si se me permite la referencia sarcástica.

La capacidad de r.m.Guéra de plasmar la violencia quedó muy patente en Scalped y el artista que encontramos aquí, años después, ha evolucionado aún más.

En todo caso, mía es la tentación de declarar esta obra como no recomendable en absoluto. Como, una oportunidad perdida. Otra más en estos temas que son apasionantes, si se acude a las fuentes más exigentes, pero he de buscar cierta objetividad.

No obstante, si obviamos todos mis peros, se puede decir que estamos ante una obra que se lee y que entretiene. Siempre que no busques nada más allá del divertimento momentáneo. Ahora, si el lector espera algo más, no es el sitio para pedirle peras al olmo.

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