Reseña de Cómic
El Inmortal Hulk
de Al Ewing, Joe Bennett y varios artistas

Norman C

Editorial española: Panini
Editorial americana: Marvel
Guion de Al Ewing
Dibujo de Joe Bennett, Leonardo Romero, Paul Hornschemeier, Marguerite Sauvage, Garry Brown, Lee Garbett, Martin Simmonds, Eric Nguyen, Kyle Hotz, Ryan Bodenheim, Germán García, Tom Reilly, Matías Bergara, Javier Rodríguez, Nick Pitarra, Jackson Guice, Mike Hawthorne, Alex Lins, Adam Gorham y Rachael Stott
The Immortal Hulk 1 a 50
Editado por Panini en grapas, rústicas y actualmente en cartoné. Color.

Aviso de spoilers

Dado que no hablamos de una novedad y la etapa ha sido ya editada íntegramente en grapas y formato Marvel Premiere y actualmente se vuelve a reeditar en Marvel Deluxe, en la presente reseña se hará hincapié en determinadas escenas y aspectos para valorar el guion, lo que deberá ser tenido en cuenta por aquellos lectores que todavía no conozcan la obra.


Aunque Hulk fue una de las primeras creaciones surgidas de la inagotable imaginación de Stan Lee y Jack Kirby durante la era Marvel, siempre ha tenido que lidiar con esa aura de patito feo al que le cuesta destacar. Mientras otros personajes «menores» como Daredevil o los X-Men se transformaron en cisnes de la mano de autores como Frank Miller y Chris Claremont, a Hulk le tocó ser, en el mejor de los casos, un tebeo de mamporros entretenido y sin mucho trasfondo.

Fue la llegada de Peter David en los ochenta la que hizo brillar y expandirse el universo del Goliat Esmeralda como pocas veces antes. Sin embargo, los noventa y la entrada en el nuevo siglo devolvieron al personaje a un segundo plano. Apenas Greg Pak pudo recuperar la atención de los lectores con Planeta Hulk y su secuela World War Hulk antes de que se sucediese etapa tras etapa y Hulk tocase fondo en el despropósito que fue Civil War 2 y su fallida sustitución por Amadeus Cho.

Así las cosas, entró en escena Al Ewing, guionista inglés que llevaba tiempo en la editorial y que parecía que iba a pasar sin pena ni gloria por la misma, ya que sus trabajos anteriores habían pasado desapercibidos por crítica y público a excepción de sus Ultimates.

Tras repasar al completo sus cómics y la serie de televisión, su propuesta para devolver a la vida, literal y figuradamente al personaje fue la que se llevó el gato al agua.

Los primeros capítulos beben bastante de la célebre teleserie, al presentar a Hulk vagando por pueblos de la América profunda y enfrentándose a amenazas un tanto más mundanas de lo habitual, pero donde ya se establece el tono de terror que tendrá la etapa. También aparece Jackie McGee, periodista que será importante en toda la trama y cuya contrapartida masculina apareció en la citada versión de imagen real.

De este puñado de historias destaca una narrada desde el punto de vista de varios testigos de una de las apariciones de Hulk donde cada personaje es dibujado por un artista distinto.

En el segundo arco entran en escena Los Vengadores y nos encontramos con la primera gran pelea. No deja de ser curioso que los héroes brillen más en la serie de Hulk que en la suya propia en aquel momento.

Vemos también al general Fortean y su organización Base Sombra, que una vez más buscan capturar a Hulk para crear armamento para el ejército. Los experimentos a los que es sometido Hulk nos dejan un nada disimulado homenaje a la mítica Lección de Anatomía escrita por Alan Moore en La Cosa del Pantano, en lo que supone uno de los mejores números de la etapa.

El posterior enfrentamiento de Hulk con uno de sus enemigos clásicos ahonda en los principales temas sobre los que gira la etapa, con Hulk cruzando la puerta verde y visitando su propia versión del infierno y afrontando los traumas de su niñez.

Aquí Ewing recurre a elementos esotéricos, la cábala y antiguas leyendas en un giro que resulta un poco farragoso.

La siguiente parada trae consigo el retorno de muchos personajes importantes dentro de la serie, como son Betty Ross, Leonard Samson y Rick Jones.

También se aprovecha para recuperar la personalidad de Joe Arréglalo (aunque me sigue gustando más Joe Fixit) que demuestra no necesitar grandes músculos verdes para ser peligroso.

Como antagonista principal del arco tenemos a una Abominación que nos depara grandes momentos de body horror con su nueva apariencia. Llega el momento de citar un aspecto que no me ha convencido del guion, ya que tanto aquí como en números anteriores, Ewing cae en el tópico de que los agentes de Base Sombra eliminen a los testigos civiles de las apariciones de Hulk.

Algo que no tiene sentido alguno, ya que a lo largo de los años han sido miles de personas las que se han cruzado con Hulk y la opinión pública ya conoce que ha vuelto de la muerte.

El cliché de que los malos son muy malos es aprovechado en este arco para justificar que Betty, en su versión de Arpía despache sin piedad a unos soldados que acaban de eliminar a una testigo y mostrarnos así el cambio que ha sufrido el personaje.

Tras un episodio centrado en Fortean y sus motivaciones se desencadena el enfrentamiento final entre Hulk y sus camaradas y la Base Sombra, que sirve en cierto modo como cierre de la primera parte de la etapa.

El número 25 funciona como una especie de paréntesis y sorprende con una historia ambientada en un futuro remoto y un Ewing que explora su vena cósmica y se pone excesivamente plomizo, pretencioso y morrisoniano. Ni el dibujo de Germán García puede salvar lo que resulta ser el episodio más flojo e incomprensible de los cincuenta.

La segunda parte de la etapa comienza con unos giros un tanto forzados, al mostrar a Hulk asumiendo el control de Base Sombra y sus recursos, incluidos algunos empleados.

Aunque se nos explica el cambio de postura de la doctora McGowan y se profundiza en su pasado, no sucede lo mismo con los otros personajes que estaban bajo el mando de Fortean y no se justifica su repentino cambio de lealtades.

Tampoco resulta muy convincente que de repente Banner/Hulk se convierta en una especie de activista con cierta conciencia ecologista y declare la guerra a la malvada corporación Roxxon.

Ni que muchos jóvenes adopten a Hulk como un símbolo revolucionario al más puro estilo del Joker de Joaquin Phoenix después de haberle visto destrozar pueblos enteros.

Si a esto sumamos a un enemigo como Dario Agger, convertido en un villano de opereta que va ejecutando a sus empleados ante cualquier error sin importancia (de nuevo Ewing cayendo en el cliché de los malos malísimos) el arco presenta demasiadas cosas discutibles.

La guinda la pone una escena tan gratuita como innecesaria, al mostrarnos a Puck jugando a las cartas sobre el contenedor donde se encuentra el cuerpo congelado de un camarada. Está totalmente fuera de personaje y no se entiende qué pretende Ewing con ello.

A pesar de todo lo mencionado, no todo es negativo en este arco, ya que reflexiona sobre la manipulación de los medios de comunicación y redes sociales y cómo afecta de diferente forma a gente de distintas generaciones.

La recta final comienza con la entrada en escena de El Líder y sus maquinaciones para hacerse con el poder de Hulk. Veremos de nuevo en danza a las distintas personalidades del Goliat Esmeralda tratando de detenerlo, aunque antes tendremos un enfrentamiento con La Cosa que se resuelve de una forma inesperada e interesante y una brutal batalla con los U-Foes a las órdenes del siempre maquiavelico Gyrich.

El último arco cuenta de nuevo con los Vengadores y un par de episodios bastante inspirados. El primero recuerda a la mítica conversación de Peter y May en la etapa Straczynski, aquí entre Betty y Hulk donde ambos se sinceran. El segundo mostrando splash pages y texto lateral como preámbulo al gran final.

Un final con un gran número de páginas y hasta un desplegable donde Ewing cae en la tentación del retconeo metiendo una escena ambientada en el pasado que resulta ser una especie de versión suave del nefasto Pecados del Pasado aplicado a Hulk.

Probablemente nadie vuelva a hacer mención a lo aquí desvelado. En cuanto a la trama central, no presenta una batalla especialmente memorable o bien resuelta, aunque el final deja a la mayoría de personajes en una situación satisfactoria.

Terminado el repaso al guion toca hablar del dibujo. El brasileño Joe Bennett lleva el peso de la mayoría de episodios, apoyado o sustituido de manera puntual por una legión de artistas que van de lo notable de Hotz al muy discreto y casi irreconocible Guice.

En cuanto a Bennett, firma un trabajo sólido mostrando multitud de criaturas retorcidas y su estilo es el adecuado para lo que aquí se nos narra. Paradójicamente, la obra que debería hacerle consolidado como artista ha supuesto su canto de cisne, ya que una polémica por un letrero en una viñeta le granjeó acusaciones de antisemitismo que le costaron su despido de la editorial tras rematar esta obra.

La conclusión tras leer todos los números en apenas unos días es que es una buena etapa, tanto de Hulk como de la Marvel reciente, pero no la supuesta obra maestra que muchos afirman.

Leer la reseña de El Increíble Hulk de Johnson y Klein.

Reseña de Cómic: El Increíble Hulk de Johnson y Klein

 

Leer la reseña de Hulk de Peter David.

Reseña de Cómic: El Increíble Hulk de Peter David vol. 1

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