Reseña de Cómic
El Increíble Hulk
de Johnson y Klein

Norman C

Editorial española: Panini
Editorial americana: Marvel
Guion de Phillip Kennedy Johnson
Dibujo de Nic Klein
Grapas. 40 y 24 páginas. Color
ISBN: 977293847500700001
Entre 4, 60 y 3, 30 €

Hoy analizamos en Comicverso el inicio de la nueva andadura del Goliat Esmeralda. Tras el éxito de crítica y público que supuso el Inmortal Hulk de Al Ewing y el hoy repudiado Joe Bennett (para el que no esté al tanto, se acusó al dibujante brasileño de deslizar un mensaje antisemita en una viñeta y también se le criticaron tuits por sus polémicas opiniones y su apoyo a Bolsonaro) tuvimos una breve y rupturista etapa a cargo de Donny Cates y Ryan Ottley.

Dicha etapa, buscó con acierto marcar distancias con su predecesora, pasando del terror a una especie de space opera palomitera y pasada de rosca que buscaba recuperar el estilo de espectáculo y tortas que caracterizó a la serie durante muchos años. Aunque el inicio fue entretenido, y, en contra de lo que pudiese parecer, Cates no olvidó del todo tratar el tema de la torturada mente de Banner, la cosa no acabó bien.

La historia fue decayendo, hasta que el grave accidente de coche sufrido por el guionista tejano y las secuelas que arrastró, con pérdida de memoria incluida, obligaron a darle un cierre precipitado con más pena que gloria, con un Ryan Ottley reconvertido de urgencia a autor completo.

El elegido para relanzar la serie ha sido Phillip Kennedy Johnson, autor que se ganó la fama con su aclamada The Last God (renombrada ahora The Fellspyre Chronicles para evitar el boicot de grupos religiosos en pleno 2023) y de ahí dio el salto a Superman o Alien para Marvel, ya que es de esos autores sin contrato en exclusiva que puede darse el lujo de trabajar para ambas editoriales a la vez.

Si con Cates la apuesta fue revolucionaria, con Johnson hay una especie de vuelta a los orígenes con una clara influencia (esta vez sí) de Inmortal Hulk.

Nos encontramos a Bruce Banner vagando de nuevo por pueblos perdidos de la América profunda, como ya ocurría en su mítica serie de televisión, mientras tanta de contener a un Hulk furioso y con ganas de cobrarse su venganza contra su parte humana tras lo acontecido en las anteriores etapas.

Y de nuevo se desata un terror sobrenatural, que vuelve a la vida y emprende una persecución de Hulk con el objetivo de poseer su cuerpo y desencadenar un infierno en el planeta.

Banner no estará solo en este viaje, ya que se le une una particular sidekick adolescente que huye de su vida pasada y trata de inspirarse en Hulk para vencer sus miedos.

En este primer arco de tres números, veremos a Hulk enfrentarse a un pueblo lleno de zombies al servicio de una criatura con claros ecos Lovecraftianos.

Otras fuentes de inspiración, al margen de la citada y la etapa Ewing de la que bebe, son, en palabras del guionista, el universo de Hellboy y American Gods. Lo cierto es que no cuesta mucho imaginarse al personaje de Mignola protagonizando esta primera historia.

Del apartado artístico se encarga un cada vez más asentado Nic Klein. El dibujante alemán ha encadenado buenos trabajos en series como Masacre y Thor y su estilo le sienta bien al tono oscuro de la serie. Incluso se ocupa del color en algunas páginas.

En general estamos ante un inicio prometedor, que gustará a los que añoran Inmortal Hulk o simplemente disfrutan de las historias de monstruos. Parece que Hulk está en buenas manos.

1 Comentario

  1. «su apoyo a Bolsonaro». Desconozco el resto de acusaciones y problemas que acumula Bennet, pero que el hecho de apoyar un político elegido por millones de votantes (la democracia para algunos solo funciona en un único sentido: el izquierdo) sea motivo de su repudio social y muerte laboral es lamentable. Su trabajo en «Hulk» es sobresaliente. Es una pena cuando la ideología personal (que tan alegremente pueden airear unos, pero lo tienen prohibido otros) sirve para juzgar la validez artística de una persona, condenándola al exilio desde la superioridad moral de un segmento de fanáticos más que dudoso cuyos representantes políticos son la ejemplificación de la bajeza moral más absoluta.

    En fin, espero que Bennet consiga nuevos proyectos en algún momento, porque yo no compraba «Inmortal Hulk» por la ideología de su dibujante o guionista, sino por el estupendo trabajo que realizaron. Igual que veía «House of Cards» por el trabajo actoral de Kevin Spacey. Esta caza de brujas encubierta en todos los ámbitos culturales es lamentable. Un pseudo neo-puritanismo buenista más cercano de lo que nos gustaría a algunos en intenciones a la persecución soviética de los artistas que tan bien queda reflejada en la reciente «Lubianka» de Cava y Auladell.

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