Reseña del cómic: Hawkman, Vuelo eterno
Título original: Hawkman: Endless Fly
Editorial: ECC/Salvat
Editorial USA: DC
Guión: Geoff Johns y James Robinson

Dibujo: Patrick Gleason, Rags Morales

Colección Novelas Gráficas DC Comics #100

Hoy vamos a hacer la reseña del último tomo del coleccionable DC, con el principio de la etapa de Geoff Johns con Hawkman.

Hawkman es probablemente el personaje con la continuidad más enrevesada y contradictoria de todo DC (lo que en un universo que tiene una Crisis o un reboot cada fin de semana tiene mérito) comparable solo a Donna Troy.

Durante años y a pesar de ser uno de los «Siete grandes» ha estado fuera de circulación, sin tener serie propia ni aparecer siquiera como personaje invitado, siendo ignorado, enviado a otras dimensiones o sustituido por trasuntos que, queriendo ocupar su lugar, no hacían más que agrandar el gran vacío de su ausencia.

Ni siquiera cuando Morrison quiso contar con él para su etapa en la Liga de la Justicia desde la directiva de DC le dieron permiso, quizá temiendo lo que el calvo podía liar con un personaje que a efectos prácticos era inutilizable… pero hete aquí que llegó un guionista especializado en deshacer entuertos y continuidades malditas, Geoff Johns ( ayudado por James Robinson en esta primera saga) e hizo lo que mejor sabe, pero de una forma muy diferente a la esperada.

Y es que esta serie no es Green Lantern: Renacimiento (la miniserie de Johns y Van Scier que devolvió el anillo a Hal Jordan) porque mientras en aquella Johns concentraba el reboot en una miniserie inicial donde daba todas las explicaciones para luego continuar las aventuras del personaje sin más cabos sueltos, aquí ocurre al contrario y desde la primera página tenemos a Hawkman de vuelta sin que sepamos que ha pasado exactamente (además su retorno oficial fue en las páginas de JSA) y es a lo largo de la serie y a la misma vez que se desarrollan las sagas y aventuras, cuando el guionista nos va dando detalles y explicaciones de su vuelta, lo cual da un plus de interés a la historia porque no sabes en qué momento va a producirse una revelación ni de dónde va a venir ésta.

La serie en sí es muy buena; aventura en estado puro con sagas que se suceden una tras otra como un perfecto engranaje. Hay aventuras en lugares exóticos, viajes a otras dimensiones, enemigos ya olvidados que vuelven para ajustar cuentas y números de flashback qué nos cuentan aventuras de las vidas pasadas del halcón, y esto precisamente es el elemento central de la serie.

Hawkman y Hawkgirl están destinados a vivir su vida juntos para acabar muriendo y renacer de nuevo en otra, dónde han de encontrarse y enamorarse, una y otra vez. Así ha sido durante cientos de vidas, amantes para toda la eternidad… pero algo ha pasado en esta reencarnación, algo ha salido mal y por primera vez en milenios los halcones han de hacerse la pregunta de si el amor es eterno.

Ese es el hilo central que articula todas las tramas y que se va aclarando poco a poco, dando pistas y explicaciones veladas, mostrando las aventuras del pasado y presentando personajes ya olvidados, tejiendo un tapiz que se remonta al antiguo Egipto y que involucra a todas las encarnaciones del halcón (incluido Thanagar) y que sin ser tan compacto y perfecto como el de Renacimiento, queda sólido y comprensible.

Hay dos cosas que destacó en esta serie, primero lo emocionante que resulta, no hay ni un número flojo o aburrido (al contrario de la mayoría de series que podemos encontrar hoy día en la estantería) y segundo el amor que destila al Universo DC; en lugar de entender la continuidad como un problema Johns la utiliza para enriquecer su historia, una forma de entender el cómic de superhéroes mainstream que estuvo a punto de desaparecer con los Nuevos 52 y la Marvel de Alonso, y que aquí es un elemento básico qué adereza las tramas; la mala relación entre Green Arrow y Hawkman, la camaradería de este con Atom, el museo que era base de los halcones en el pasado, antiguos uniformes, guiños a etapas y personajes clásicos, secundarios olvidados y enemigos ridículos que en manos de Johns, cual Blackhand en Green Lantern, se convierten en auténticas amenazas.

Y la Hawkwoman de Thanagar.

Una gozada, vamos.

Al dibujo tenemos a Rag Morales (con algunos episodios de Gleason) en su mejor trabajo, incluso mejor que en Crisis de identidad, con un trazo detallista y apoyado en un color increíble, pocas veces lo he visto tan bueno en una serie regular, todo ello da como resultados algunas páginas impresionantes, la lástima es que se turna con un Patrick Gleason que aún estaba lejos del que nos maravilla hoy día en Superman, pero qué cumple sobradamente.

En resumen una serie emocionante, bien escrita, que engancha y con un gran dibujo; lo que debería ser la norma en un comic de superhéroes y por desgracia hoy día es la excepción, que además tiene el plus de usar el gran tapiz del universo DC para darle mayor interés y profundidad a sus historias.

 

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