Reseña de cómic
Súper Rayón
de Jan

Lorenzo Araya Suárez


Editorial: DQómics
Autor: Jan
Encuadernación en tapa dura.
Formato 21 x 29. Color. 64 páginas.
1ª edición: 2021
ISBN: 978-84-944655-6-7
Precio: 15,00 €

Portada

A estas alturas es ocioso iniciar una reseña de una obra de Jan con una semblanza de su figura, porque es uno de los dibujantes españoles de cómic más importantes de la historia. Y si el mercado internacional no estuviese tan fragmentado sería mundialmente reconocido; más aún, no resulta inverosímil considerar alguno de sus libros entre lo mejor que ha ofrecido jamás el medio. Su estilo de dibujo es tan personal, hasta el punto de que inaugura un modelo en sí mismo, como virtuoso: se puede tranquilamente hablar de el estilo Jan.

Un estilo que ha evolucionado sensiblemente a lo largo de una trayectoria profesional de más de cinco décadas; sin embargo, una evolución que siempre ha parecido una consecuencia de las exigencias de los relatos que Jan quería contar y que, al mismo tiempo, nunca deja de mostrar la impronta de su autor. Cada cual podrá preferir unos momentos u otros de este largo camino, pero es innegable su solidez y coherencia.De la importancia de Jan da buena cuenta el buen número de publicaciones recientes que recuperan, restaurado, parte de su trabajo clásico: sus «Don Talarico», «Superióribus» o «Pulgarcito», ilustraciones para cuentos infantiles (en espera aún de que alguien traiga el fenomenal Cab Halloloco), etc.; así como monográficos sobre toda su carrera.

En esta ocasión, y a semejanza de lo ya sucedido con el segundo volumen de Don Talarico («El castillo encantado», al cuidado de Amaníaco Ediciones), tenemos la finalización de una obra iniciada, pero dejada inconclusa y no publicada, hace décadas. Pero, a diferencia del otro caso, en el cual eran pocas las páginas añadidas para la nueva edición, en este «…Súper Rayón…» la parte nueva es significativamente más voluminosa que la preexistente.

El propio autor, en la introducción, nos informa de las circunstancias de creación de este tebeo. Iniciado en la época del derrumbe de la editorial Bruguera, tuvo la pretensión de ser carta de presentación para trabajos en otras empresas (y, de hecho, terminó dando origen a «Laszivia»), así como campo de pruebas de su estilo y divertimento personal.

Finalmente, la cosa dio como resultado once páginas de un arte muy detallado para contar una historia bastante improvisada sobre la marcha, que no parece tener una meta definida de antemano.

Cuarenta años después, con motivo del encierro obligado por la pandemia CoVid, Jan decidió emplear este tiempo en concluir aquel relato. Para ello toma dos decisiones: no pretender mantener la unidad estilística: lo dibuja como lo hubiese dibujado hoy; y no pretender dar una coherencia que no había en la parte original.

Lo primero se revela sobre todo, aunque no únicamente, en la armadura de la página: con los años, Jan despoja su panel de la rigidez de las tres filas y dispone sus viñetas con mayor soltura. También su trazo se presenta más esquemático, más directo y rudo, renunciando a la filigrana.

En lo segundo, la renuncia es desde el principio: el tebeo tiene tres títulos (su portada los anuncia en una imagen tripartita: «Se busca personaje/Súper Rayón/Los mogollones de Lukas»), reconociendo que no es en realidad una sola historia, sino tres. Aunque engranadas entre sí, podrían haber discurrido de manera independiente. Las dos primeras ya están apuntadas en las once páginas originales, y muestran tan bien los intereses narrativos de Jan en aquella época como la tercera línea narrativa muestra los actuales.

Allí encontramos preocupaciones laborales y escenas eróticas; aquí, preocupaciones sociales y ecológicas más generales, así como un mayor protagonismo de personajes jóvenes, que conecta esta obra más directamente con trabajos como «Cederrom» que con Superlópez (aunque aquí tampoco ha faltado, ocasionalmente, ese elemento).

Venir ahora a juzgar el trabajo de Jan comparándolo con épocas anteriores no me parece que tenga demasiado sentido. Para empezar, porque cada cual tendrá sus periodos favoritos, y en gran parte a consecuencia de sus propias experiencias de descubrimiento de este autor. Me parece indiscutible que es un grande y que la calidad objetiva de su producción está fuera de toda duda.

Si le puedo poner alguna pega a este álbum es que, por su carácter sincrético, su contenido queda algo deslabazado: un inicio surrealista, una continuación influida por lo que Moebius estaba haciendo aquellos años en el terreno de la ciencia ficción, y un desarrollo ya más centrado, pero bastante desconectado de lo que se apuntaba en las anteriores partes.

Pero sobre todo presenta el problema de que no se ve a qué público concreto pueda alcanzar el tebeo, que despega con un enfoque bastante adulto (con sexo explícito incluido), hacia unos planteamientos más juveniles, aunque manteniendo un vocabulario aún característico de obras para adultos. Igual se podría solventar confirmando que simplemente es para amantes de Jan. O sea, es un Jan, en el que, como aliciente, podemos comprobar el contraste entre dos puntos diferentes de su carrera, así como comprobar sobre el terreno que Jan siempre ha sido un maestro de la narrativa y un dibujante superdotado.

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