Reseña de Cómic
Sandman Obertura
de Neil Gaiman y J.H Williams III

Edición original: Vertigo
Edición española: ECC Ediciones

Cuando un autor vuelve a la obra que le hizo famoso (y más después de muchos años), los resultados no suelen ser buenos. La vuelta, la mayoría de las veces, es más por razones comerciales de la editorial o apuros económicos del autor que por una necesidad real de contar una historia y, al final, lo que se consigue es estropear el recuerdo de la obra original y crear en los aficionados la sensación de algo entre lo innecesario y la tomadura de pelo con secedión con DK2 o Before Watchmen.

¿Qué nos encontramos en este caso? ¿Una obra maestra o una tomadura de pelo? Pues ni lo uno ni lo otro.

Lo primero que sientes cuando empiezas a leer Obertura es qué Gaiman le tiene tomada la medida al personaje y, en apenas unas páginas y unos pocos diálogos, estás viendo a Morfeo tal y como lo recuerdas. Esto, que parece sencillo, no siempre se consigue. Ahí tenemos el ejemplo de «All Star Batman y Robin» de Miller dónde, quienes esperaban reencontrarse con el autor que mejor ha retratado a Batman, se encontraron con uno a medio gas, tomándole el pelo a la editorial (y a los lectores) y desdibujando completamente a su personaje.

En la obra que hoy tratamos eso no se produce. Hay una sensación de familiaridad, de autenticidad, de que no estás leyendo un postizo. Se siente como volver a casa de tus padres, a tu cuarto, después de muchos años viviendo fuera y esto, repito, no es ni tan fácil ni tan frecuente qué ocurra cuando se retoma una obra después de tantos años.

El guión, sin embargo, es otra cosa.

Cualquiera que haya leído Sandman sabe que la trama aunque muy trabajada, no era lineal, y se notaba perfectamente que Gaiman la iba desarrollando según sus gustos y sus preferencias, intercalando arcos muy largos con pequeñas historias que muchas veces no tenían nada que ver con la trama principal pero que al autor le apetecía contar. Y sin ninguna prisa por llegar hacia la conclusión de la historia, aunque por el camino iba sembrando pistas que conducían inevitablemente hacia esta.

Aquí es diferente.

Aquí se nota claramente que Gaiman ha planificado la obra al milímetro, incluyendo en ella una serie de hechos. Esos que quedaban sin responder en el cómic original, que sirven para estructurarla y que hacen de columna vertebral del relato. Es un poco como ese juego de unir los puntos con un lápiz que, cuando se llega al final, se obtiene el dibujo completo, pero que antes te obliga a pasar por cada uno de esos ellos. Y en orden.

Esos puntos, por supuesto, son los grandes misterios de la serie que nunca fueron respondidos. Y ni falta que hacía, porque la historia funciona perfectamente sin ellos.

¿De dónde venía Sandman cuando fue atrapado en el primer número de la serie?

¿Por qué estaba tan débil?

¿De dónde salió el casco de Sandman?

¿Cómo permitió Morfeo que el Corintio campara a sus anchas?

¿De dónde salieron los Eternos? ¿Quienes eran sus padres?

¿Quién era la amante de Morfeo que conocíamos al final de la historia «Un juego de ti»?

Todas esas preguntas —y muchas más que ni siquiera os habíais planteado— nos son respondidas aquí, una a una, como los puntos por los que el lápiz ha de pasar para revelar el dibujo. Así que, en ese aspecto, la sensación al leer esta historia es muy diferente de la de la obra original, lo cual no significa que sea mala, al contrario, sólo diferente. Pero al terminar, el lector queda satisfecho y contento porque le han contado una buena historia y con sorpresa incluida pues el héroe de la historia es aquel que menos podíamos esperar.

El dibujo ya es otra cosa; estamos ante uno de los cómics mejor dibujados y coloreados que he visto en mucho tiempo. Lo que J. H. Williams III hace aquí es puro arte. Y las composiciones, los encuadres y la narrativa que usa les queda muy lejos a la mayoría de dibujantes de hoy día. Todo lo que intente decir y explicar sobre lo que hace en esta obra se le queda corto… Leer un cómic suyo es el equivalente a asistir a un concierto de piano de Mozart en directo.

Simplemente está a otro nivel.

En resumen, una obra innecesaria, desde el punto de vista de que la original no necesitaba ningún aditivo ni complemento, pero que vista como algo aparte, es una muy buena historia que no defraudará a nadie que haya disfrutado con la original. Además de poseer un dibujo de otro planeta.

Una historia que, si bien no está a la altura de la original —porque nada puede llegar a ese niveles—, es una muy digna precuela que gustará tanto a los que disfrutaron de la original como aquellos que la descubran ahora.

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