Reseña de cómic
Caza Sangrienta
de Jed Mackay y Pepe Larraz
Norman C

Editorial: Panini Comics
Editorial americana: Marvel Comics
Autores: Jed Mackay y Pepe Larraz
Miniserie de 5 grapas
Los vampiros vuelven a estar de moda, si es que alguna vez dejaron de estarlo. Si primero fue la distinguida competencia la que apostó por el tema con la discreta DC Contra Vampiros, ahora llega el turno de Marvel con esta Caza Sangrienta.
El nuevo evento de La Casa de las Ideas sirve para reafirmar a Jed Mackay como el guionista estrella de la editorial, al menos en su universo principal, toda vez que Hickman se ha concentrado en la versión Ultimate y Ewing prefiere mantenerse en Veneno y Thor sin manejar las grandes franquicias.

De hecho, aunque Caza Sangrienta afecta a todo el universo Marvel con el típico aluvión de miniseries y cruces, la serie principal se concentra en lo que podemos denominar Mackayverso, ya que el peso de la acción recae en Los Vengadores, el Doctor Extraño y todo lo relativo al Caballero Luna, que son los títulos de los que se encarga el guionista canadiense. Apenas Blade y su hija, por motivos obvios, y Miles Morales comparten protagonismo en la trama.
Una trama que arranca cuando el planeta se ve cubierto por una densa oscuridad que impide el paso del sol y se desencadena un ataque a gran escala de los vampiros. El final del primer número nos deja uno de esos cliffhangers destinados a intentar sorprender a los lectores y engancharlos. Lo cierto es que lo consigue.

Con el líder de los vampiros y sus secuaces dando el primer golpe, los héroes se ven obligados a regruparse y planear el contraataque. En el momento intermedio de la historia destaca especialmente un motivador discurso de Sam Wilson donde Mackay capta con acierto lo que representa el personaje.

Todo nos lleva a la inevitable gran batalla final donde se producen revelaciones y algunos personajes quedan afectados por la resolución. Un final donde gana gran protagonismo cierto personaje que se perfila como el que se va a llevar todos los focos durante los próximos meses. Por desgracia, esta decisión parece venir una vez más marcada por la división cinematográfica de Marvel más que por los editores.

Dicha resolución en lo que a ese personaje se refiere, resulta con todo interesante, aunque recuerda demasiado al final de otro evento de hace unos veinte años.
Un acierto de Caza Sangrienta es que no se estira innecesariamente como eventos anteriores y llega a su conclusión tras cinco entregas en lugar de las siete u ocho a las que nos tenían acostumbrados.
La gran novedad ha resultado ser la introducción de dos versiones de cada número, la normal y la denominada Red Band, que ofrece algunas viñetas con mayor grado de violencia y sangre. Lo cierto es que tras apreciar ambas versiones, queda como una mera curiosidad sin trascendencia.

Entre los aspectos menos atractivos destacaría dos: el diseño de los secuaces del villano recuerda demasiado al de los primeros antagonistas de Los Vengadores de Mackay o a personajes anteriores creados por Hickman en los propios Vengadores o X-Men. Al final quedan reducidos casi al papel de masillas para hacer tiempo hasta llegar al jefe final y no parece que volvamos a verlos.
Otro aspecto visual discutible es la apariencia de Drácula, que abandonó ya hace bastantes años su indumentaria clásica para acabar convertido en una especie de trasunto de Geralt de Rivia con melena y espadón incluido. No estaría mal que le diesen una vuelta.

En cuanto al cómic en sí acaba resultando un blockbuster que cumple con su cometido y entretiene, que ya es más de lo que se puede decir de otros eventos anteriores.
Del aspecto gráfico ni una pega. Pepe Larraz vuelve a dar un recital confirmando una vez más que es el dibujante estrella de la editorial y que mejora todo lo que sus lápices tocan. Le acompaña al color el habitual Marte Gracia.

En resumen, Caza Sangrienta no redefine el universo Marvel, pero ofrece un entretenimiento sólido y bien estructurado. Su ritmo ágil, la habilidad de Jed Mackay para manejar varios personajes, y el impresionante arte de Pepe Larraz hacen que esta miniserie sea disfrutable de principio a fin. Aunque algunas decisiones parecen más influidas por el universo cinematográfico que por la narrativa, la serie logra ofrecer momentos memorables y secuencias de acción destacadas. Sin grandes pretensiones, cumple su objetivo de entretener con una dosis justa de adrenalina e intriga visual.
























