Reseña de Cómic
Absolute Martian Manhunter: Visión Marciana
de Camp y Rodríguez
Humberto da Silva
@humdasilva
humbertodasilva.com

Edición española: Panini Comics
Edición original: DC Comics
Guion: Deniz Camp
Dibujo: Javier Rodríguez
Color: Javier Rodríguez
Contiene: Absolute Martian Manhunter: Visión Marciana
Formato en España: grapa
Martian Manhunter nunca ha sido uno de los personajes más comerciales de DC pero sí uno de los más singulares. Miembro fundador de la Liga de la Justicia, figura de enorme poder y casi siempre tratado como una mezcla de sabio, extranjero y conciencia moral, J’onn J’onzz ha vivido durante décadas a la sombra de iconos más visibles. Absolute Martian Manhunter aprovecha esa relativa indefinición popular para hacer algo muy inteligente: no limitarse a cambiar al personaje por otro u otra cosa, sino desmontarlo y reconstruirlo casi desde cero. El resultado no es una simple versión alternativa del Detective Marciano, sino una de las reinterpretaciones más radicales y estimulantes que ha dado hasta ahora el Universo Absolute.

El “Superman de Marte”
Para entender lo que hace este cómic conviene recordar primero quién ha sido tradicionalmente Martian Manhunter. El J’onn J’onzz clásico es uno de los últimos supervivientes de Marte, miembro fundador de la Liga de la Justicia y uno de los seres más poderosos de DC: telepatía, cambio de forma, intangibilidad, invisibilidad, vuelo, superfuerza y visión marciana, son sus poderes más conocidos.
Durante mucho tiempo esa suma de poderes lo dejó encerrado en una lectura algo reductora, la del “Superman de Marte”, cuando en realidad su verdadera personalidad siempre estuvo en otro sitio: en su distancia respecto a los humanos, en su tristeza, en su condición de observador externo (no fue creado por granjeros del Medio Oeste americano) y en esa mezcla de compasión y extrañeza que lo convertía en una de las presencias más melancólicas del universo DC.
Ahí es donde Deniz Camp encuentra la grieta por la que meterse. En vez de reforzar la dimensión superheroica del personaje, decide separar sus elementos y redistribuirlos. El resultado es un John Jones humano, agente del FBI, emocionalmente encapsulado, casi deshumanizado por su trabajo, al que invade una conciencia alienígena que se hace llamar el Marciano.
Esa decisión cambia por completo el eje del personaje. Ya no se está ante un héroe extraterrestre que se hace pasar por hombre, sino ante un hombre invadido por una alteridad que le obliga a repensar la realidad, a los demás y a sí mismo. Y el gran acierto de la serie está en no presentar esa presencia como un simple ser de Marte, sino como algo tan radicalmente “otra cosa” que la mente humana apenas puede traducirlo de forma estable.

Universo Absolute, un laboratorio de reinvenciones
Eso encaja además de manera muy precisa con la filosofía del Universo Absolute. En esta línea, DC no se limita a vestir a sus iconos con una estética nueva o a oscurecerlos un poco para hacerlos parecer más intensos, sino que intenta replantear cuál es el núcleo de cada personaje y qué ocurre cuando ese núcleo se desplaza a otro contexto, a otra sensibilidad o incluso a otra lógica de género.
Dentro de esa estrategia, Absolute Martian Manhunter ocupa un lugar muy particular, porque no cambia solo el decorado del héroe: cambia la naturaleza misma de la experiencia que propone y, por extensión, de sus poderes.
En ese sentido, esta cabecera es una de las que mejor justifican el proyecto Absolute. Mientras otras series juegan más con el contraste externo o con inversiones visibles de estatus y contexto, aquí la operación es más profunda. No se trata solo de reimaginar al personaje, sino de preguntarse qué había de esencial en él y cómo trasladarlo a una sensibilidad contemporánea sin quedar atrapado por la iconografía de siempre.

«Todo es mente»
Y ahí es donde el cómic se vuelve realmente interesante. Esta versión de Martian Manhunter prescinde casi por completo de aquello que podría acercarlo a un Superman marciano. Aquí no importan la superfuerza, ni el vuelo, ni la espectacularidad física, ni siquiera el repertorio clásico de poderes tal y como se ha entendido tradicionalmente. Aquí todo es mental. Todo pasa por la percepción. Todo pasa por la dificultad de distinguir entre experiencia, pensamiento, contaminación psíquica, intuición y ruptura de la realidad consensuada. El personaje parece moverse menos en el terreno del superhéroe que en el de una conciencia que interfiere en otra conciencia.
Esa es probablemente la decisión más fértil de toda la serie. En lugar de convertir a J’onn en una figura de acción más extraña de lo habitual, Camp lo desplaza a un terreno casi liminal, donde el conflicto ya no es tanto físico como cognitivo. Lo que está en juego no es derrotar a otro, sino comprender qué está ocurriendo cuando la realidad deja de percibirse estable y cuando lo humano se ve forzado a convivir con una percepción que no le pertenece.

Javier Rodríguez, gráfica psíquica
Esa idea se traslada de forma contundente al dibujo de Javier Rodríguez con una convicción extraordinaria. Su trabajo no usa la rareza como adorno, sino como lenguaje y medio. El color irrumpe como si fuera una invasión sensorial, los rostros se fragmentan, las siluetas se vacían, las páginas convierten estados mentales en formas gráficas y la puesta en escena en la página convierte la lectura en una experiencia inestable, a veces hipnótica. Más que ilustrar una historia de ciencia ficción, Rodríguez parece construir un sistema visual para representar una mente sometida a una percepción expandida, rota o contaminada. Por no añadir alienígena.
Hay algo en todo ello que remite a la sinestesia, a esa mezcla o cruce de sentidos en la que un color parece sonar, un pensamiento parece adquirir textura y una emoción parece ocupar físicamente el espacio. Por eso la serie no destaca solo por ser extraña, sino por lograr que esa extrañeza tenga una traducción formal coherente. No se limita a contar que la percepción se ha roto: intenta hacer sentir esa ruptura dentro de la propia lectura.

Disociación contemporánea alienígena
También es importante señalar que esta reinvención no funciona solo como ejercicio de estilo. Funciona porque encuentra un equivalente contemporáneo al viejo problema de J’onn J’onzz.
El Martian Manhunter clásico era el extranjero absoluto que intentaba convivir con una especie que nunca terminaba de comprender del todo. El Absolute convierte esa idea en una experiencia interior. La alienación ya no es solo cósmica o biográfica, sino mental, perceptiva y social. John Jones no parece un superhéroe disfrazado de humano, sino un hombre que ya vivía desconectado del mundo antes incluso de ser atravesado por esa presencia alienígena.
La serie convierte así la extranjería del personaje en una forma de disociación contemporánea, en una fractura entre sujeto y realidad, entre percepción y norma, entre lo que se vive y lo que puede nombrarse. Ese desplazamiento hace que el cómic conecte con ansiedades muy actuales sin necesidad de verbalizarlas de manera obvia. La rareza del personaje deja de ser un rasgo exótico y pasa a convertirse en una herramienta para pensar la fragilidad de nuestra experiencia ordinaria.

Una “otra” conciencia
Y es precisamente ahí donde la obra roza algo especialmente fértil. Lo esencial de Martian Manhunter no era que pudiera pegar fuerte, volar o cambiar de forma, sino que representaba una mirada no humana sobre lo humano. Ese punto hoy resuena de una manera especialmente rica, incluso fuera del cómic, porque en ciertos círculos científicos y académicos vinculados a la exobiología o a la reflexión sobre formas no humanas de inteligencia se viene insistiendo cada vez más en una idea parecida: que buscar vida inteligente fuera de la Tierra exige salir de un marco demasiado biológico y demasiado antropomórfico.
La inteligencia, la consciencia o la percepción podrían manifestarse de maneras completamente imprevisibles para nuestra imaginación, y esa limitación no deja de recordar algo fundamental: solo somos capaces de imaginar, hasta cierto punto, a partir de las estructuras perceptivas que ya conocemos.
También por eso muchas ficciones especulativas envejecen mostrando con tanta claridad el marco mental de su época. Absolute Martian Manhunter toca de forma indirecta esa cuestión y la lleva al centro del personaje: la dificultad radical de pensar una conciencia verdaderamente otra sin reducirla de inmediato a categorías humanas.

Un cómic poderoso y poco complaciente con el lector
Ahora bien, precisamente por lo que se atreve a hacer, la serie también tiene límites claros. El primero es que no siempre ofrece un anclaje emocional inmediato. Su apuesta por la abstracción, el simbolismo y la percepción alterada hace que en algunos momentos pueda resultar más fascinante que conmovedora. El segundo es que, para ciertos lectores, la obra corre el riesgo de insistir demasiado en su lógica de distorsión: trauma, irrupción, contaminación mental, estallido gráfico.
Parte de la conversación que ha generado gira en torno a esa misma cuestión, y esto parece ser una objeción legítima. Absolute Martian Manhunter no es un cómic complaciente ni transparente: exige entrar en su frecuencia, y no todo lector va a querer hacerlo o va a tener la capacidad para hacerlo.

Una de las apuestas más singulares del Universo Absolute
Con todo, ahí está también su valor. En una línea editorial construida sobre reinvenciones de grandes iconos, este cómic es de los pocos que realmente justifica el prefijo Absolute. No toma un personaje conocido para repetirlo con otro envoltorio o para aplicar una inversión superficial de estatus y lore, como puede ocurrir en otras reinvenciones más apoyadas en el contraste externo, sino para preguntarse qué era lo esencial en él y cómo traducirlo a una sensibilidad nueva.
Y la respuesta de Camp y Rodríguez es muy lúcida: lo esencial de Martian Manhunter no era su potencia física, sino su capacidad para encarnar una alteridad irreductible, una forma de conciencia que mira lo humano desde fuera y que precisamente por eso lo revela mejor. Aquí esa idea se extrema hasta convertirse en método, en atmósfera y en lenguaje visual. El personaje pierde buena parte de su imaginario superheroico clásico, sí, pero gana una dimensión mucho más rara, más personal y, en el mejor sentido, mucho más marciana.

Valoración final
Absolute Martian Manhunter es una de las propuestas más arriesgadas y personales del Universo Absolute. No busca convertir al Detective Marciano en una versión más épica, más agresiva o más comercial de sí mismo, sino en algo más difícil de definir y por eso mismo más estimulante: una conciencia extraña interfiriendo en la realidad humana. No es un cómic para todos los públicos ni para todos los humores pero, para el que le funciona, lo hace de una manera muy poco común en el cómic de superhéroes actual.
























Espléndida reseña. Muy de acuerdo con prácticamente todo lo expuesto. Personalmente tengo curiosidad por ver que exponen Camp y Rodriguez en la segunda parte de la serie. Solo he comprado 2 series en grapa de DC con Panini (Batman y Robin Año Uno la otra) y con ambas me siento satisfecho. No suelo escribir en webs ajenas, pero este texto se lo merece (pese a ocasionales reiteraciones de ideas y frases). Enhorabuena al autor Humberto da Silva.
Muchas gracias, Ignacio. Se agradece especialmente un comentario tan atento y matizado.
Absolute Martian Manhunter es una serie bastante sugerente, pero también algo escurridiza, me alegra ver que la lectura crítica ha conectado. Y, como bien señalas, queda por ver hasta dónde llevan Camp y Rodríguez todo lo que aquí plantean en esta primera mitad.
Gracias también por señalar ese posible exceso de reiteración en algunos pasajes. Es una observación justa y muy útil.
Un saludo y «reitero» 😅 mis gracias por pasarte a comentar.